Nunca había sido dueño de su sueño, de hecho, siempre odió dormir, pero le sobrevino una intensa preocupación la séptima noche que sus ojos se abrieron a las 2:07 de la madrugada. Obseso por el tiempo, lo primero que podía ver al abrir los ojos, era la hora que mostraba el reloj que tenía colgado del techo y desde hacía siete noches, veía la misma hora, hora que comprobaba siempre con la docena de relojes de bolsillo que en su mesita conservaba, temiendo que el anticuado reloj se hubiera cansado de funcionar.
Aquella noche no lo comprobó, no se movió ni un centímetro y con los ojos recorrió la estancia. Su habitación, iluminada con la pálida luz de la luna que se escurría por el alargado ventanal apenas dejaba intuir los dos inmensos cuadros en las paredes y la chimenea apagada. Decidió moverse, decidió levantarse y salió de la inmensa cama. Desde sus pies partió un intenso escalofrío, al contacto de los mismos con el suelo, que le hizo estremecerse. Se puso las zapatillas y su bata, cogió la pipa y se asomó por la ventana. Nada, no había nada ni nadie y la intensa niebla sólo permitía un pequeño tramo de la calle donde vivía y de la calle perpendicular, que se encontraba justo con su casa. En una de las esquinas había un bar, cerrado ya a aquellas horas, y en la opuesta, la barbería donde solía afeitarse.
Presionó el tabaco, y mientras encendía una cerilla oyó algo. Pasos en la calle. Por la derecha de la ventana, de entre la niebla, apareció una pálida muchacha, descalza y medio desnuda corriendo. Iba envuelta en una especie de túnica y podía ver uno de sus pechos al descubierto botar al ritmo de su carrera. Su rizado cabello dorado fue lo último en desaparece con ella en la niebla de nuevo, por la parte izquierda de la ventana.
Todavía con ojos de perplejidad y aspirando fuertemente de su pipa, apareció un perro, en sentido totalmente opuesto al que llevaba la dama, perseguido por un niño, descalzo también, pero moreno, o sucio, y con una tremenda sonrisa en la boca.
Cuando ya hubieron desaparecido, y en lugar de risas y ladridos sólo escuchaba el crepitar del tabaco, pudo ver una sombra tambaleándose entre la niebla, por la calle perpendicular. Un señor con capa y sombrero de copa.
Continuará...
domingo 18 de octubre de 2009
A las 2:07
jueves 24 de septiembre de 2009
Fechas
"Y llegó el 24, 24 de Septiembre, para ser exactos. Una fecha más,la cual a nadie importa, quizás, a quien naciera en ella, pero seguro que es un grupo reducido. Es una fecha, sin más, a nadie le dice nada, ni siquiera a mí. Recuerdo, perfectamente sin embargo, el 24 de Agosto de cierto año, mi primer beso, el que siempre se recuerda. Y recuerdo, también el 24 de Octubre de aquel mismo año, en el que descubrí quién sería el amor de mi vida. Por mucho que me gustara el primer beso, exótico a la par que tierno y por mucho que rompa mi pecho el corazón por la mujer que me hechizó aquel 24 de Octubre, siempre pienso en el 24 de Septiembre. No es que piense todos los días del año, pero pienso en fechas importantes y me viene ella a la cabeza. No pasó nada. Absolutamente nada. Un día más. Pero lo que me preocupa es el vacío, el vacío que contuvo esa fecha, entre dos fechas sin igual. Lo que me preocupa es que mi vida se convierta en un 24 de Septiembre. Lo que quiero es que mi 24 de Octubre sepa que le necesito, para poder salir de este Septiembre. De momento esperaré, quizás Noviembre llegue antes este año y Octubre no suponga un dolor tan grande cuando lo arranquen."
Extracto de: La vida de un Calendario: "Dolor por un arranque de hojas".
miércoles 16 de septiembre de 2009
Mi primer libro
Pues sí, he decidido publicar mi primer libro, con recopilaciones de lo que aquí habéis visto, lo he maquetado con la ayuda de Jayto, pero lo he cortado, montado, tapas yo solito. Sólo he hecho un ejemplar, y no lo he vendido, lo he regalado, así que vaya publicación, ¿eh? pero bueno, a mí me ha hecho mucha ilusión hacerlo, así que os dejo algunas fotos del montaje, y de cómo ha quedado. Para ampliar las imágenes sólo hay que pulsar sobre ellas.









